domingo, 4 de octubre de 2015

Octubre  Domingo 4 de 2015

ILUMINANDO LA OSCURIDAD DE LA VIDA
MEDIANTE LA VERDAD
Ilumina tu vida...haciendo consciente tu oscuridad!


Carl  Jung Dijo " No es posible despertar a la consciencia sin dolor, la gente es capaz de hacer cualesquier cosa, por absurda que parezca, que enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina fantaseando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad!.
El decirnos la verdad a nosotros mismos es el camino mas corto para evitar el dolor. La honestidad en todas las cosas nos ayuda muchísimo a reconocer nuestros errores que resultan de la evitación que hacemos con frecuencia de los problemas- Pero en realidad solo se crean otros y se demora la verdad. Dándose múltiples conscecuencias. Y por concecuencia múltiples dolores a nosotros mismos y a los demás.

A continuación una pequeña historia para reflexionar!
quizas ustedes pudieran contribuir con sus comentarios ya sea con otras citas o experiencias.

La Verdad, La Herencia Más Noble
Rabindranat Tagore, 1861-1941

Ya el sol se había puesto entre el enredo del bosque sobre los ríos. Los niños de la ermita habían vuelto con el ganado y estaban sentados al fuego oyendo a su maestro Gautama, cuando llegó un niño desconocido y lo saludó con flores y frutos. Luego, tras una profunda reverencia, le dijo con voz de pájaro:
—Señor Gautama, vengo a que me guíes por el Sendero de la Verdad. Me llamo Satyakama
—Bendito seas -dijo el Maestro. ¿Y de qué casta eres, hijo mío? Porque sólo un Brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría.
Contestó el niño:
—No sé de qué casta soy, Maestro, pero voy a preguntárselo a mi madre.
Se despidió Satyakama, cruzó el río por lo más estrecho, y volvió a la choza de su madre, que estaba al fin de un arenal, fuera de la aldea ya dormida. La lámpara iluminaba débilmente la puerta,
y la madre estaba fuera, de pie en la sombra, esperando la vuelta de su hijo.
Lo cogió contra su pecho, lo besó en la cabeza y le preguntó qué le había dicho el Maestro.
—¿Cómo se llama mi padre? -dijo el niño. Porque me ha dicho el Señor Gautama que sólo un Brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría.
La mujer bajó los ojos y le habló dulcemente:
—Cuando joven yo era pobre y conocí muchos amos. Sólo puedo decirte que tú viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido.
Los primeros rayos del sol ardían en la copa de los árboles de la ermita del bosque. Los niños, aún mojado el revuelto pelo del baño de la mañana, estaban sentados ante su Maestro, bajo un árbol viejo. Llegó Satyakama, le hizo una profunda reverencia al Maestro y se quedó de pie en silencio.
—Dime -le preguntó el Maestro. ¿Sabes ya de qué casta eres?
—Señor, -contestó Satyakama- no sé. Mi madre me dijo: Yo conocí muchos amos cuando joven, y tú viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido.
Entonces se levantó un rumor como el zumbido iracundo de las abejas hostigadas en su colmena. Y los estudiantes murmuraban entre dientes de la desvergonzada insolencia del niño sin padre.
Pero el Maestro Gautama se levantó, trajo al niño con sus brazos hasta su pecho y le dijo:
—Tú eres el mejor de todos los brahmines, hijo mío, porque tienes la herencia más noble que es de la verdad.